Santiago Núñez-Corrales, Ph.D.

Nuestro Ticotal, Santiago Núñez-Corrales, Ph.D., es el Talento Destacado del mes de setiembre de 2026.

Santiago creció en San Rafael de Vásquez de Coronado, San José, en una zona rural, en una familia conformada por su madre, su tía y su abuela. Desde niño tuvo una fuerte inclinación hacia la ciencia y las matemáticas y, posteriormente, hacia la música. Gracias al sistema de educación pública costarricense y a múltiples becas, pudo completar sus estudios de escuela, colegio y universidad, a pesar de las limitaciones económicas de su familia.

Es bachiller en Ingeniería en Computación del Tecnológico de Costa Rica (TEC) y obtuvo su doctorado en Informática, con minor en Estudios Globales, en la University of Illinois Urbana-Champaign.

Actualmente, Santiago se desempeña como Lead Quantum HPC Scientist en Oak Ridge National Laboratory. Hasta hace poco, fue Quantum Lead Research Scientist en el National Center for Supercomputing Applications (NCSA) de la University of Illinois Urbana-Champaign (UIUC), así como faculty affiliate del Illinois Quantum Information Science and Technology Center, el Center for Global Studies, Arms Control & Domestic and International Security e Illinois Informatics, de la misma institución.

Su experiencia incluye el diseño de lenguajes de programación cuántica, el desarrollo de gemelos digitales para computación cuántica, protocolos de computación cuántica distribuida, la integración HPC-QPU y HPC-FTQC, así como la ingeniería de sistemas computacionales clásicos-cuánticos confiables. Adicionalmente, sus investigaciones anteriores abarcan el modelado basado en agentes y la física estadística de sistemas complejos de origen natural y antrópico, con énfasis en riesgo y seguridad global, incluido el análisis de riesgos asociados con inteligencia artificial avanzada.

En el ámbito profesional, el Dr. Núñez-Corrales se desempeñó como Director General fundador de Investigación y Desarrollo Tecnológico del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Telecomunicaciones (MICITT) entre 2011 y 2015. Durante este período, fue editor del Plan Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación 2015–2021 y estableció y coordinó el Computer Security Incident Response Team para las unidades gubernamentales de los poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial.

Además, fue investigador junior del Centro Nacional de Alta Tecnología, Senior Embedded Systems Engineer en RidgeRun LLC y profesor interino del TEC.

 

1.   ¿Cuáles en su caso fueron los determinantes y/o oportunidades para salir del país?

 

Crecí en San Rafael de Vásquez de Coronado, San José, en una zona rural, en una familia conformada por mi madre, mi tía y mi abuela. Desde niño tuve una fuerte inclinación hacia la ciencia y las matemáticas y, posteriormente, hacia la música. Gracias al sistema de educación pública costarricense y a múltiples becas, pude completar mis estudios de escuela, colegio y universidad, a pesar de las limitaciones económicas de mi familia. Esta fue la primera gran vía de movilidad social que tuve.

Desde muy temprana edad descubrí una fuerte afinidad por la computación, gracias a los programas de aprendizaje de programación en Logo impulsados por la Fundación Omar Dengo y el MEP. Esta área resultó ser una excelente combinación con mis otros intereses. De manera fortuita, siendo niño, recibí una beca dirigida a personas de recursos limitados en el antiguo Instituto Bilingüe Costarricense, donde durante seis años pude aprender y perfeccionar el uso del inglés. Además, desde noveno año hasta el último año de la universidad, impartí clases de matemática para complementar el apoyo económico que mi familia podía brindarme y sufragar mis propios gastos.

Después de obtener mi bachillerato universitario en Ingeniería en Computación en el Tecnológico de Costa Rica, institución que me proporcionó una excelente formación y cuyos conocimientos continúo utilizando hasta el día de hoy, busqué la posibilidad de realizar estudios de educación superior en el extranjero. Entre 2006 y 2009 tuve la oportunidad de trabajar en el Centro Nacional de Alta Tecnología, experiencia que posteriormente me permitió visitar varias universidades en Estados Unidos mediante un fellowship. Este programa me permitió establecer contactos esenciales y comprender mejor qué implicaba realizar un doctorado y cómo era el proceso para acceder a este tipo de formación.

Diversas oportunidades laborales postergaron por algún tiempo la decisión de realizar un doctorado. Durante esos años trabajé en la academia, la industria y el gobierno, siempre dentro del sector de Ciencia, Tecnología e Innovación. En el Tecnológico de Costa Rica coordiné y cofundé el Programa de Investigación de e-Science, después de haber trabajado en la industria como ingeniero senior en sistemas embebidos en RidgeRun LLC. Posteriormente, me desempeñé durante cuatro años como Director de Tecnologías Digitales y, más adelante, como Director Fundador de Investigación y Desarrollo en el MICITT.

Fue durante esta etapa que comprendí que, para hablar con propiedad sobre temas científicos, necesitaba una formación doctoral y, sobre todo, que me emocionaba mucho más hacer ciencia que observar desde lejos cómo se hacía. Aunque fue un privilegio servir al país desde la función pública, también se hizo evidente que la política pública no era el espacio desde el cual podía generar el mayor impacto.

Decidí entonces aplicar a un Doctorado en Informática en la Universidad de Illinois Urbana-Champaign, donde fui admitido con una beca completa y un fellowship del programa. Mi esposa y yo vendimos todas nuestras pertenencias y dejamos el país, originalmente con la intención de regresar, sin contar con apoyo económico universitario o estatal, por decisión propia.

En resumen, no estaría donde estoy hoy sin los sacrificios de mi familia, sin aquella oportunidad inesperada de adquirir un dominio del idioma inglés en una época en la que esto no era lo habitual, y sin el apoyo de decenas de docentes y funcionarios administrativos del sistema público de educación costarricense, quienes me tendieron la mano en cada etapa del camino.

 

2.   En términos generales,  ¿cómo describiría sus condiciones de vida en el exterior (p.ej. jornada de estudio y/o trabajo, se han cumplido sus expectativas de lo que sería desenvolverse profesionalmente en el extranjero, principales obstáculos que se le han presentado)

Durante el doctorado, uno de los mayores retos fue adaptarme a condiciones económicas bastante limitadas como estudiante graduado, mientras mantenía responsabilidades familiares tanto en Estados Unidos como en Costa Rica. Conté con el apoyo muy cercano de dos supervisores de doctorado y, poco a poco, logré obtener una serie de becas que me permitieron completar el programa sin preocupaciones económicas importantes a partir del segundo año.

Mi tema de disertación fue multidisciplinario: la física estadística de sistemas complejos multiescala con estocasticidad. Este trabajo me llevó a interactuar con personas de múltiples departamentos y a ampliar considerablemente mi visión. También retomé mi interés por la política pública y culminé el doctorado con un minor en Estudios Globales.

 

El último año del doctorado coincidió con el inicio de la pandemia de COVID-19, con todo lo que ello implicó emocionalmente, especialmente por tener familiares adultos mayores en Costa Rica y vivir en un país que experimentaba una alta tasa de contagios. Un mes antes del cierre presencial de la universidad, mi segundo supervisor, dada su experiencia en biología molecular, comentó que estimaba que la pandemia podría provocar millones de muertes y cientos de millones de contagios en un periodo de tres años.

Durante el resto de ese año me dediqué, junto con Tomás de Camino Beck, al modelado poblacional de COVID-19 para la comunidad de Urbana-Champaign y para Costa Rica. Fue posiblemente el periodo más intenso y estresante de mi trayectoria: implicó terminar mi disertación, realizar investigación de manera muy intensa y con un propósito claro, y tomar decisiones importantes sobre nuestro futuro. En particular, mi esposa, quien se encontraba a mitad de su doctorado en UIUC, y yo determinamos que no regresaríamos a Costa Rica. La búsqueda de trabajo en plena pandemia fue, a su vez, un proceso desgastante y difícil.

Afortunadamente, en 2021 inicié mi carrera como programador científico en el National Center for Supercomputing Applications. Posteriormente, como Investigador Científico Senior, tuve la oportunidad de crear desde cero una estrategia de Computación Cuántica. De manera incremental, fui asumiendo mayores responsabilidades de liderazgo en investigación y desarrollo, hasta contribuir al establecimiento de un programa con financiamiento robusto y sostenido, colaboraciones internacionales y un sólido portafolio de proyectos y publicaciones.

 

Durante este periodo también fui miembro de la facultad del Illinois Quantum Information Science and Technology Center y del Program for Arms Control & Domestic and International Security. Si bien el trabajo ha requerido periodos de alta intensidad creativa y de investigación, tanto en tiempo como en esfuerzo, contar con una remuneración acorde con mi formación y resolver los temas relacionados con mi permanencia migratoria se tradujo en una alta calidad de vida personal y familiar. Además, al no ocupar un puesto como faculty, usualmente he podido mantener un balance adecuado entre el trabajo y los demás aspectos de la vida.

Recientemente fui contratado como Lead Quantum HPC Scientist en Oak Ridge National Laboratory, donde me concentraré en establecer investigación y desarrollo en Computación Cuántica y en su integración con el Cómputo de Alto Rendimiento, con el objetivo de contribuir al avance de las metas del Departamento de Energía de Estados Unidos.

Esta oportunidad profesional representa la convergencia de muchos de los elementos que, poco a poco, he construido a lo largo de mi vida y mi trayectoria profesional. Por su naturaleza y alcance, constituye una oportunidad bastante singular, especialmente considerando mi origen y el camino recorrido para llegar hasta aquí.

 

 

3.   ¿Qué tipo e intensidad de  contacto  profesional mantiene con CR?

He mantenido un vínculo constante con Costa Rica en materia de políticas públicas e investigación desde mi salida del país. 

En política pública, he participado en múltiples iniciativas de gobierno y academia en el sector de Ciencia, Tecnología e Innovación, mediante la emisión de criterio profesional, el diseño de instrumentos de política sectorial y el seguimiento de lo que ocurre en el país en estas áreas.

En el ámbito académico, he participado como lector y director científico de tesis de maestría en universidades costarricenses (TEC y Universidad CENFOTEC), como instructor de cursos especializados y mediante charlas y conferencias en mis áreas de investigación.

En particular, siento una obligación ética de apoyar a personas costarricenses jóvenes y talentosas para que puedan ser admitidas satisfactoriamente en programas de educación superior en el extranjero y, sobre todo, explicarles las alternativas laborales una vez que terminan su formación doctoral más allá de la academia. El proceso de admisión tiene claves culturales que están ausentes en la educación superior costarricense, y mi objetivo ha sido tratar de hacerlo más transparente para los estudiantes interesados y, sobre todo, desmitificarlo.

 

4.    Recomendaciones de iniciativas que apoyen que el talento en el extranjero actúe como agentes del  desarrollo en Ciencia y Tecnología.

La diáspora científico-tecnológica es numerosa y variada. Si nos basamos en datos del MICITT, el país cuenta con cerca de mil personas con grados doctorales en CTI a lo interno, una disminución sustancial con respecto al análisis que realizamos entre 2014-2015. Por el contrario, se puede estimar que la diáspora con formación científico-tecnológica es al menos el doble de este número a partir de estadísticas oficiales del Programa Estado de la Nación, CONARE y conexiones personales de una comunidad que es pequeña e informalmente articulada. Esta desproporción habla fuertemente de causas sistémicas que favorecen la fuga de cerebros, y de la ausencia de mecanismos para al menos establecer una red de influencia que beneficie al país.

Las estrategias para aprovechar talento extranjero deben ser diferenciadas dependiendo de si una persona de la diáspora desea regresar o no. Me enfocaré acá en iniciativas para quienes no regresarán.

1. La diáspora necesita mecanismos que resulten en una comunidad global de personas costarricenses que se conocen y se extiende en el tiempo. Esto requiere diseño intencional de iniciativas, financiamiento público y coordinación de parte de MICITT y del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto para crear mecanismos e incentivos de participación ligados a intereses científicos y profesionales dentro del Sector Público costarricense. Debido a nuestra lejanía geográfica por largo tiempo, buena parte de la diáspora puede servir genuinamente como partes objetivas con el mejor interés del país como guía sin estar enfrascados en conflictos locales de larga data.

2. El mayor incentivo que esta comunidad puede tener es proveer criterio experto con impacto trazable en políticas públicas, instituciones y personas. El interés en colaborar debe tomar en cuenta que existe un sinnúmero de barreras institucionales debido a una visión legalista más que práctica. Quienes estamos fuera tenemos interés genuino por nuestros seres queridos y amistades, que resulta en interés por aportar a la institucionalidad y a la academia. De la misma forma que el MEIC se ha dado a la atarea de enumerar barreras para el emprendimiento, el MICITT y el sector universitario público y privado necesitan un ejercicio semejante para identificar y solucionar barreras para incluir a personas de la diáspora. Tal vez sea además una forma de nutrir continuamente a la Academia Nacional de Ciencias y apoyarla.

3. Más importante aún, el sector académico costarricense requiere entablar conversaciones directas con personas de la diáspora para crear mecanismos institucionales que resulten en colaboraciones y proyectos de manera razonable. En buena medida, esto depende de poder identificar a nivel país quién trabaja en qué área desde afuera ya que colaborar sostenidamente ocurre primero gracias a interés mutuo entre personas investigadoras, no entre instituciones. Una forma directa es servir de evaluadores de proyectos de investigación imparciales.

 

 

5.   ¿Estaría dispuesto(a) a regresar al país si se presentan las posibilidades idóneas? 

Como costarricense en el exterior, siempre existe el deseo de regreso para estar cerca de la familia y contribuir de regreso al país intensamente en cantidad y calidad. En casa hicimos este ejercicio concienzudamente hace poco antes de aceptar mi posición laboral actual. 

Llegamos a la conclusión de no es una realidad factible. Regresar, especialmente pasados varios años después de terminar el doctorado, representa una disminución sustancial en calidad de vida, ingresos, y una drástica reducción oportunidades de tener impacto global dadas las limitaciones institucionales y financieras del sector CTI costarricense.

 

6.   ¿Cuáles incentivos considera pertinentes para retener al talento científico en el país?

 

Dado que la inversión en CTI de Costa Rica es de las menores en OCDE (GERD de 0.34% en 2023 comparado al promedio OCDE de 2.7%), se debe pensar en medidas inmediatas razonables, y medidas de más largo plazo y fricción institucional.

Primero, garantizar que al regreso el salario es digno y correspondiente al grado académico más alto, no al último grado obtenido en Costa Rica. Para lograr esto, es indispensable repensar el proceso de reconocimiento y convalidación de títulos de CONARE tal que, al llegar, la persona académica pueda insertarse directo con su último título dada documentación internacional adecuada. La forma en como ocurre hoy conlleva a que personas que regresan pasen de 6 meses a 1.5 años con salarios en extremo bajos, muchas con compromisos familiares, a pesar de que su último grado académico fue obtenido en excelentes universidades. Conozco muchos casos en donde salir del país fue una mejor alternativa de vida que quedarse después de regresar.

 

Existen alternativas más racionales y que aseguran una vida digna desde el inicio, por ejemplo, reconocimiento inmediato de títulos y programas de estudio de maestría y doctorado cuando la documentación sea emitida por una universidad extranjera que se encuentra entre los primeros 250 lugares de dos de tres rankings internacionales reconocidos. Ninguna universidad costarricense cumple esto, y por ende un trámite rápido está más que justificado. Dudosamente títulos de estas instituciones van a ser falsificados y pueden validarse directamente, e importa más asegurar que quienes regresan tengan una vida digna y productiva en vez de empecinarse en cumplir un requisito puramente burocrático.

Segundo, las universidades estatales necesitan complementar el esquema de contratación de personas con doctorado por reserva de plaza con uno que sea representativo de la realidad de OCDE y del resto de mundo. El mecanismo más común es abrir un concurso de visibilidad internacional para Profesor Asistente que, durante seis años, tiene las condiciones para generar investigación que sustente un caso a favor de una plaza permanente. En Costa Rica, la forma de contratación reduce opciones de entrada para quienes salen sin reserva de plaza, y más aún cierra puertas para tener colegas de otros países que encontrarían en nuestro país mejores condiciones de vida. La reserva de plaza crea compromisos de retención laboral poco éticos a mi juicio, dado que no están las condiciones para ser exitoso y más bien resulta en pérdida de competitividad.

Tercero, para una vez una persona académica regresa, es indispensable acelerar los procesos de reconocimiento publicaciones e internacionalizarlos. Por ejemplo, el uso de puntos fraccionarios por artículo cuando hay colaboradores penaliza la habilidad de una persona de mantener o liderar redes de colaboración fuerte, y está lejos de la realidad actual en donde la ciencia es una actividad donde una persona por sí sola difícilmente puede tener impacto en una disciplina. En ciencia y tecnología, la alternativa razonable es dar muchos más puntos a publicaciones y revistas de nivel internacional en inglés (o el idioma universal del momento) para asegurar mayor exposición. Adicionalmente, las universidades podrían asegurarse de que quien regresa inicia en el escalafón académico correcto sin pasar por un interinazgo forzado tal que el salario global aplique apropiadamente. Pareciera necesario, en el fondo, cambiar de una cultura que espera que quienes regresan pasen por todas las vicisitudes de sus predecesores a una cultura más generosa que se enfoque en el bienestar del capital intelectual del país.

Cuarto y final, al regreso, las personas necesitan un paquete de startup académico robusto y razonable. Esto significa tener un grupo de estudiantes de maestría y doctorado al menos a medio tiempo, contar con carga académica asignada a la investigación de al menos 50% desde el inicio en vez de saturarla con cursos, y proveer financiamiento para viajes a reuniones y conferencias en el exterior múltiples veces al año. No se puede liderar y atraer conocimiento si no se está conectado al mundo.

Si bien es cierto que existe necesidad de equipamiento científico-tecnológico en todas las universidades, el núcleo de la investigación son las personas en programas de posgrado con suficiente tiempo para pensar y hacer. La productividad del profesorado que hace investigación es directamente proporcional al número de estudiantes de posgrado a su cargo. Dedicar recursos del FEES para una cantidad mucho mayor de becas en posgrado es indispensable para tener un inicio sólido. Aunque los estudiantes de bachillerato ganan experiencia en investigación como asistentes, sus competencias son insuficientes para llevar a cabo investigación de alto nivel que resulte en publicaciones internacionales con regularidad. 

A más alto nivel, Costa Rica como país necesita invertir al menos unas 40 veces más en fondos concursables y crear instrumentos financieros para complementar el paquete de startup académico que las universidades puedan dar. El Fondo de Incentivos, instrumento primario para concurso abierto, obtuvo en 2025 un total de 433 millones de colones. Si se revisa el Superávit Primario del Estado costarricense a Mayo de 2026, el monto antes de pago de deuda pública asciende a unos 293 mil millones de colones (0.5% del PIB). Usualmente buena parte de este monto pasa a instancias tales como la Comisión Nacional de Emergencias. Creo que el atraer personas costarricenses con buenas condiciones de regreso es otro tipo de emergencia, una más silenciosa, pero  cuyos efectos a largo plazo son devastadores para la capacidad de innovar. Entregar unos 20 mil millones de colones al Fondo de Incentivos para proyectos concursables que incluyan paquetes de startup academico y unos 10 mil millones de colones al CeNAT como un facility nacional que integra instrumentación costosa, ambos con fondos del Superávit Primario, sería una inversión anual que permitiría frenar la fuga de cerebros, y más bien convertir al país en un atractor de talento nacional y extranjero.

 

7.   En su área de trabajo, ¿cuáles serían las necesidades de desarrollo del área en CR?

 

La presencia de computación cuántica como tema de investigación académico en Costa Rica es germinal. Existen esfuerzos aislados en CONARE (UCR, TEC, CeNAT) y en una universidad privada (Universidad CENFOTEC), pero es un inicio tímido que requiere apoyo estatal e industrial. Existen oportunidades claras que hemos discutido dentro de varias actividades del Club de Investigación Tecnológica para que el país se desarrolle creíblemente en el tema. Todas requieren dejar de pensar como instituciones, y atacar las oportunidades como país.

Costa Rica tiene talento y condiciones geográficas para generar tracción en computación cuántica en materia de algoritmos y arquitectura de computadores. Sin embargo, esa tracción se acaba rápido sin apoyo suficiente y sin contar con instrumentación científica apropiada.

 

8.   ¿Desearía plasmar algún comentario adicional? 

Recuerdo muy bien uno de los cuentos del Libro Almanaque Escuela para Todos. La historia intitulada “La Fuerza de la Costumbre” era de un hombre que cargaba su burro con grano para llevarlo al molino. Llenaba su saco con grano de un lado, y en el otro colocaba una piedra para equilibrar la carga. Un día que estaba enfermo, su hijo llenó el saco a ambos lados con grano, lo equilibró y sorprendió (y asustó) a su padre, quien ante amenaza de tunda, lo forzó a hacer las cosas como siempre.

El sector CTI costarricense necesita deshacerse de todas las piedras en su burro que explican por qué el doble de personas talentosas decide quedarse fuera del país comparado contra las que regresan. Sean cuales sean las razones, cada vez llega menos grano intelectual al molino de las universidades costarricenses, que empiezan a experimentar efectos de cambios demográficos en su profesorado. Desde la institucionalidad del Ejecutivo hasta CONARE, existen medidas directas, simples, y que lo que requieren es voluntad de cambio y un espíritu de generosidad con las nuevas generaciones. Y tal vez, una vez doblado el grano del saco, nos demos cuenta de que el país no tiene un burro, sino un caballo pura sangre que ha funcionado a una fracción de su capacidad por todas las cargas que lleva, pero que con alimento apropiado puede competir a muy alto nivel.